jueves, 20 de junio de 2013

LA TORRE DE LOS ESPEJOS



En la Torre de los Espejos nada era lo que parecía. Había espejos de todas clases (unos para alargar la figura, otros para ensancharla, incluso uno que hacía parecer que qualquiera que se mirara en él se viera como un sabio...)  y así siempre que me miraba podía sentirme cómoda y reconfortada. No necesitaba mirar al exterior ni preguntarme que impresión causaba en los demás: ya tenía a mis espejos. Y cuando alguno me devolvía una imagen que no me gustaba, lo solucionaba rápido. Inmediatamente lo cubría con una sábana y listo.
Hasta que un día ocurrió algo inesperado, se desató una tormenta de vientos muy fuertes y de lluvias torrenciales. Entonces el tejado, que nunca había sido reparado, se hundió y los espejos se rompieron en diminutos pedazos, y en los pequeños pedazos las imágenes ya no eran las mismas, ya no respondían a mis demandas. Pero en las paredes, dónde durante años habían estado colocados, descubrí que había grandes ventanales que habían permanecido tiempo y tiempo cerradas, y por primera vez en muchos años, pude mirar afuera y ver el mundo que había más allá de mi Torre.

El tejado lo estoy reconstruyendo, y las salas ya no son las Salas de los Espejos. Están ahí, vacías, pero recibiendo la luz del sol y permitiéndome ver más lejos. 
Incluso algunos días abandono mi torre y recorro los alrededores, mirando y escuchando asombrada cuantas cosas me he perdido tanto tiempo.

lunes, 10 de junio de 2013

EL PUENTE




A los constructores de puentes, a quienes tuvieron la visión y fueron capaces de diseñarlos, crearlos, cruzarlos y perfeccionarlos, para que otros, incluso los más miedosos, se atrevieran a cruzarlos.