Al despedirme me hizo un regalo: "Es un espejo que ya no uso -me dijo-, pero seguramente tú le encontrarás alguna utilidad..."
viernes, 21 de septiembre de 2012
El Lugar Más Alto
He pasado los meses de calor parada, no encontraba mi mapa por ningún sitio, pero hace unos días un anciano me invitó a acompañarle a una montaña, la montaña de su infancia, quería despedirse de ella: "Quiero verla por última vez", decía. Así que le acompañé, para mí era un regalo poder hacerlo y él no se atrevía a ir solo, tenía miedo de no llegar. Fue una subida dura para él, con muchas paradas, pero seguía su propio impulso y era más fuerte que su cansancio. Subía despacio, reencontrándose con cada lugar, dejando paso a los recuerdos, reconociendo árboles y rocas, pájaros y huellas de animales...sus palabras y sus silencios hablaban a la vez y para mí fue una experiencia conmovedora. Sentados allá arriba, en un día tan luminosos, la vista llegaba lejos y sentía que la montaña nos acogía. Cuando bajamos de nuevo, los ojos del anciano tenían otra luz, estaba en paz, y yo había entendido que hay caminos que no se hacen con los pies, se hacen con el corazón y los pies le siguen.
Al despedirme me hizo un regalo: "Es un espejo que ya no uso -me dijo-, pero seguramente tú le encontrarás alguna utilidad..."
Al despedirme me hizo un regalo: "Es un espejo que ya no uso -me dijo-, pero seguramente tú le encontrarás alguna utilidad..."
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