La puerta no tenía verja ni candado, ni siquiera un guardián fiero a la entrada, pero al llegar una fuerza magnética impedía cruzarla llevando trastos inútiles. Permanecí mucho tiempo ante esa puerta: "tenía que haber alguna forma de poder llevar conmigo lo que no quería soltar", pensaba yo. Pero no la había. No vi ni una sola persona que pudiera cruzarla con algo escondido en su mochila. Todo lo que sobraba debía quedarse fuera y todo lo que se llevaba debía estar a la vista. Esa era una de las cualidades que hacía de aquel Espacio algo tan especial.
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viernes, 23 de enero de 2015
lunes, 10 de noviembre de 2014
lunes, 28 de abril de 2014
lunes, 24 de marzo de 2014
EL VIEJO LIBRO
La primera vez que vi el libro estaba apilado con otros
libros viejos. Cuando lo abrí sus palabras apenas me decían nada, sin embargo ejercía
sobre mí la atracción de un imán, así que me empeñé en leerlo y poco a poco fui
encontrado significados, para darme cuenta después que contenía otros que ni siquiera había percibido.
Poco a poco entendí la clave: solo se podía entender desde
la propia experiencia. Por eso sé que hay capítulos que nunca entenderé. Pero con
cada experiencia nueva las palabras cambian, aunque sean las mismas, y después
de cada viaje, cuando vuelvo a encontrarme con él, el Viejo Libro me regala
contenidos nuevos. Aunque a veces, con bastante frecuencia, debo consultar a
una persona experta en la materia para entender algo más de lo que dice.
martes, 4 de marzo de 2014
domingo, 8 de diciembre de 2013
viernes, 18 de octubre de 2013
De vuelta a la Abadía
Esta tarde he llegado al camino que sube a La Abadía, llegué por el río para acortar el viaje de vuelta y me sorprendió ver algunas barcas que portaban velas.
"Es para los que llegan después de ponerse el sol" -me dijo el barquero- "A veces hay nieblas y las velas indican el camino a los viajeros, hasta llegar a tierra firme".
"Cada viajero que llega suele dejar en mi caseta las velas que le sobran del Viaje, y así tienen la seguridad de que esta parte del río siempre estará iluminada".
Abrí mi mochila y dejé las mías, tres velas pequeñitas que guardaba en un bolsillo de la mochila. Al subir, ya caminando, por el largo sendero que conduce a La Abadía, y cuando ya la noche estaba cayendo, me quedé mirando: desde lejos las velas en el río parecían pequeñas luciérnagas en movimiento.
"Es para los que llegan después de ponerse el sol" -me dijo el barquero- "A veces hay nieblas y las velas indican el camino a los viajeros, hasta llegar a tierra firme".
"Cada viajero que llega suele dejar en mi caseta las velas que le sobran del Viaje, y así tienen la seguridad de que esta parte del río siempre estará iluminada".
Abrí mi mochila y dejé las mías, tres velas pequeñitas que guardaba en un bolsillo de la mochila. Al subir, ya caminando, por el largo sendero que conduce a La Abadía, y cuando ya la noche estaba cayendo, me quedé mirando: desde lejos las velas en el río parecían pequeñas luciérnagas en movimiento.
lunes, 23 de septiembre de 2013
martes, 20 de agosto de 2013
El hilo de la vida
El largo camino, desde la manada al individuo...
A veces me gustaría mucho saber dibujar, porque las imágenes de mi mente siempre pierden al llevarlas al papel, entonces recurro al collage.
jueves, 2 de mayo de 2013
EL COMPÁS
Cuando viajo, suelo llevar en mi estuche -entre otros materiales- un compás, porque siempre hay un momento en el que siento la necesidad de dibujar un mandala. Pero, claro, ese compás no me sirve para trazar un círculo en el suelo, por eso me hice este rudimentario compás. Rudimentario, pero muy práctico. Con este compás, en cualquier lugar,puedo trazar un círculo y meterme dentro. Es mi manera de sentirme "en casa" y mirar el mundo desde ahí.
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