viernes, 20 de septiembre de 2013

Pe - Ga - Colay


Caminando hacia el Norte me hablaron de una ciudad escondida en el fondo de  una montaña: la ciudad de Pe-Ga-Colay. 
Está dentro de la montaña, repartida en incontables galerías. Sus habitantes viven en pequeños grupos pegados entre sí por una especie de colas que les obliga a moverse siempre juntos y cuando se encuentran dos o tres grupos lo tienen difícil para comunicar: hablan todos a la vez y no saben muy bien quien dijo qué. Ni siquiera en un solo grupo lo tienen fácil para comunicarse entre ellos, porque no se pueden separar, y giran y giran enredados mientras parlotean todos a la vez...


Solo unos pocos días al año el sol entra por una de las bocas de la montaña e ilumina parcialmente algunas zonas de la ciudad...entonces, quienes están cerca, bailan y bailan consiguiendo separarse: son "los bailongos". Algunos de ellos aprovechan la ocasión para buscar los caminos de las galerías, hacia la superficie de la montaña...y ya nunca más vuelven a la ciudad de Pe-Ga-Colay.                                                

lunes, 9 de septiembre de 2013

El Bosque de los Árboles Parlantes

Lo que más me sorprendió al entrar en el Bosque fueron las palabras que movía el viento. Eran los árboles. Todos hablaban a la vez repitiendo frases de las que me llegaban palabras sueltas: "Eso ya lo entiendo...", "Me gustaría...", "Quisiera que...", "Sé que...", "Pensaba que..."
Al pasar me las lanzaban y se reían mientras me miraban. Solo un viejo Castaño permanecía en silencio. Me senté bajo su copa, apoyé mi cabeza en su tronco, y las palabras cesaron de inmediato. Se hizo el silencio. Entonces pude escuchar solo el sonido del viento entre las hojas y la Vida del Bosque en Movimiento. 
Me levanté, di las gracias al Castaño y seguí caminando.

martes, 20 de agosto de 2013

El hilo de la vida



El largo camino, desde la manada al individuo...

A veces me gustaría mucho saber dibujar, porque las imágenes de mi mente siempre pierden al llevarlas al papel, entonces recurro al collage.

viernes, 9 de agosto de 2013

Retomando mi viaje...



He llegado al Páramo de los Pies Quietos, no entendía por qué se llamaba así, pero pronto encontré que los míos se volvían pesados y torpes, hasta que un grillo saltó sobre mi hombro y me explicó la razón: “Es por tu mochila, pesa demasiado”. “Tienes que ir al “Campo de las Mochilas Viejas” y ver de lo que puedes prescindir…o no podrás continuar. A partir de aquí tendrás que viajar con menos peso, en cada etapa menos peso…” y de un salto desapareció de nuevo. 

Conseguí llegar al Campo de las Mochilas Viejas y seguí el consejo del grillo, empecé a sacar mis cosas seleccionando lo que quiero quedarme y lo que debo dejar atrás. Hay que amontonarlo ordenadamente y llevarlo a un contenedor para reciclar…algunas cosas he visto que se reciclan simplemente tendiéndolas al sol y acaban convirtiéndose en una especie de banderines tibetanos que el viento mueve poniendo color al paisaje. He decidido quedarme solo con lo imprescindible. Es increíble lo que he llegado a acumular: cajas de nudos que ya no sirven para atar, tubos y más tubos, ropas inservibles (en realidad solo necesito una par o dos de zapatos y unos chandals). Libros pesados que ya he leído y que ahora solo son un peso muerto, cajas de sueños (bufff…que pesados pueden ser algunos sueños), folletos de viajes de sitios a los que nunca iré, alguna cadena rota…y un sinfín de cosas más.
Entre lo que me he quedado está mi sombrero para el sol –por aquí pega fuerte al mediodía-, mi capa para las noches frías, mi estuche de supervivencia: el mapa, la brújula, el cuaderno de dibujo y mis pinturas. La cantimplora para el agua, poquita ropa y algunos objetos personales que todavía quiero mantener.
Al acabar el grillo me miraba burlón desde lo alto de una hierba, hice ante él una reverencia y le di las gracias.
Espero que mañana podré continuar.

CALENDARIO DE JULIO